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febrero 01, 2012

EL ABUSO DE LA AUTORIDAD ESPIRITUAL


 Mario E. Fumero

(Tomado del libro “el caos de los apóstoles y profetas moderno”)
            Una de las más terribles realidades del mundo eclesiástico en nuestros tiempos es la mercantilización de la fe y la explotación y sojuzgarían que hacen muchos de estos pastores y apóstoles de las ovejas, causa que origina escándalos en los medios de comunicación seculares, e incluso, esta actitud ha sido criticada y condenada en muchos libros que analizan a fondo este fenómeno, pues algunos grupos acuden a técnicas de lavado de cerebro, para convertir las ovejas en borregos, las cuales les siguen ciegamente, sin analizar las enseñanzas bíblicas ni la vida del líder[1].
            No mencionare nombres, ni grupos que practican este descarado mercantilismo y hegemonía pastoral, como lo hizo Jorge Erdely en su libro[2] simplemente deseo analizar las técnicas con que se manipula y programan las mentes de muchos ingenuos creyentes que buscan en apóstoles, profetas y ungidos la voluntad de Dios.

EL QUE CALLA, OTORGA

            Cuando guardamos silencio frente a actos de explotación y abuso espirituales nos hace culpable y cómplice de los mismos. Jesús se enfrento a la hipocresía de su época y denuncio la falsedad de los fariseos al proclamar su verdad (Mateo cap. 23). Ser tolerante con el religioso corrupto es una afrenta a la Palabra   y una vergüenza para el evangelio. No debemos tolerar el abuso espiritual: “Cuando un líder usa una posición espiritual para controlar o dominar a otra persona; esto incluye el avasallamiento de los sentimientos y opiniones de las otras personas, sin considerar lo que pasará con el estado del bienestar de vida, emociones o crecimiento espiritual de esa persona” incurre en un flamante nepotismo.
      Es deber cristiano confrontar y analizar todo lo que cualquier pastor o apóstol enseñe, para ello tenemos la Palabra. El juzgar lo que se enseña es parte del ser pensante, es un deber. No todo lo que se dice tiene que aceptarse, para ello está la doctrina de los apóstoles. El mismo San Pablo nos habla de aquellos que pervierten el evangelio y proclaman cosas que no son acorde con las enseñanzas de Jesucristo, por lo que debemos rechazarlo. Gálatas 1:6-10 es claro sobre cómo debemos enfrentar lo que no proviene de Dios, y afirma que ni aun debemos aceptar aquello que procede de un ángel del cielo si lo proclamado si no se ciñe al fundamento bíblico.  San Pablo confronto a San Pedro cuando erró en su actitud hacia los gentiles (Gálatas 2:14) y cuando en la iglesia surgió la disputa sobre si los gentiles, al aceptar a Cristo, debían circuncidarse y aceptar las costumbres del judaísmo, se convoco un concilio, y entre todos buscaron el consenso y la revelación del Espíritu, llegando por último a una conclusión (Hechos 15:28-29), pero todo se hizo en equipo, lo que no da lugar a una autoridad dogmática y absoluta. Debemos “Hablar verdad cada uno con su prójimo”(Efesios 4:25) y si un hermano peca contra ti o contra la doctrina:  “ve y repréndelo tú y él solo; si te oyere, has ganado a tu hermano” (Marco 18:15).
El apóstol Juan es mucho más radical, al escribir en su segunda epístola una tajantemente posición:Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo.  Si alguno viene a vosotrosy no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa,
 ni le digáis: ¡Bienvenido!  Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras”. (2 S. Juan  9-11). Noten que afirma que decirle “bienvenido”, sabiendo que anda mal, lo hace a uno participe de sus malas obras. Esto no excluye a nadie, porque todos somos iguales delante del Señor, y no existe en la Biblia un grupo privilegiado exento de las demandas dadas por el Señor a sus seguidores.

EL DERECHO A JUZGAR

            Todos debemos ejercer nuestra capacidad de juzgar según dos parámetros existentes:
 1-La Palabra revelada.
2- El discernimiento espiritual y natural.
            Cuando San Pablo llego a Berea, huyendo de la intransigencia de los judíos de Tesalónica, entro en la sinagoga y les anuncio a los allí congregados el evangelio de Jesús conforme a las profecías del A.T. y los allí presente ejercieron el derecho a juzgar, porque:Éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud  escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran asíHechos 17:11-12. Noten que no aceptaron fácilmente lo que el apóstol predico sin primero verificar si lo dicho era veraz conforme a las Escrituras. ¿No es este un criterio analítico que nos lleva a juzgar lo que se nos dice?
            Algunos manipulan los textos y se agarran de aquel que dice “no juzguéis para no ser juzgado” (Lucas 6:37) para prohibir cualquier señalamiento a errores o actuaciones incorrectas en la enseñanza. Es bueno aclarar que este texto no prohíbe, de forma absolutas, el emitir juicios en el área doctrinal o de conducta moral, sino que se refiere a emitir juicios injustos, precipitados y hacer del juzgar una forma arbitraria para calumniar, o un vicio para criticar o condenar a alguien sin evidencias[3], por envidia y sin tener una vida acorde con lo que juzgo. En San Juan 7:24 el Señor nos autoriza a juzgar pero establece cierta regla para hacerlo:“No juzguéis según la aparienciasino juzgad con justo juicio”. Noten que el juicio debe ser <justo>, lo que envuelve que al hacerlo, debemos tener evidencias de hecho, y no por el simple “don de sospecha”, algo común entre algunos cristianos y lo cual nos lleva a levantar calumnias. Si el predicador proclama una enseñanza que no tiene el respaldo de la Palabra, debemos desecharlo porque el “espiritual juzga todas las cosas” (1 Corintios 2:15). En tal caso es un deber señalar los errores de tal predicador.

LA CONDUCTA MORAL Y ÉTICA DEL MINISTRO DE DIOS

            Respecto a la conducta moral del ministro, la Palabra indica cómo debe de ser sus actuaciones (1 Timoteo 3:1-7). Si no vive dentro de las normas éticas y morales dadas, debe ser descalificado y catalogado como incrédulo y farsante. En Filipenses 3:2 se menciona tres conductas inmorales dentro del ministerio:
  1. Los perros: se refiere a aquellos que van detrás de quien mejor le pague, como el perro, que va detrás de aquel que lo alimenta. El comentarista dice que es una“metáfora para designar a <los inicuos>, a los <sin ley>, ellos que tanto se aferraban a la ley, como para querer imponerla a todos los gentiles”[4].En el sentido original griego kuon (κύων): “es un término metafórico (Filipenses3.2; Apocalipsis 22.15), de aquellos cuya impureza moral los excluirá de la nueva Jerusalén. Los judíos utilizaban este término para designar a los gentiles, con la idea de impureza ceremonial. Entre los griegos se trataba de un calificativo denotando impudicia. El término lat. “canis” y el castellano “can” están relacionados etimológicamente con kuon[5]” Lo que deja ver que hay señalamientos claros a los que actúan de forma inmoral dentro del ministerio.
  2. Malos obreros: Como bien dice el término, los que en su proceder no actúan correctamente. Según se afirma, “no son los que trabajan poco, sino lo que trabajan para el mal[6]”.
  3.  Mutiladores del cuerpo: El sentido mutilar es cortar, desmembrar. Tiene que ver con la acción de descuartizar. En el griego se usa el término “peritomé” que significa “corte en derredor” y es el mismo vocablo que usa para la circuncisión. El apóstol Pablo juega con la palabra cambiándola por “katatomé” (κατατομή) que tienen el sentido de un corte total[7]. Este principio establece una sentencia condenatoria a aquellos que causan división en la iglesia,  por lo cual Pablo le dice a Tito que “Al hombre que cause división, después de una y otra amonestación, deséchalo” (Tito 3:10).
            En muchas partes del N.T. se nos advierte constantemente del peligro de los impostores: Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo”. (2 Corintios 12:13), y la misma enseñanza nos autoriza a juzgar entre los hermanos a aquello que no esté de acuerdo con las enseñanzas apostólica y las buenas costumbres (1 Corintios 6:5).    Hemos visto como el Apóstol Pablo ejerció su autoridad condenando a un miembro de la Iglesia de Corintio (no sabemos si era líder o simple miembro), entregándolo a Satanás, aun estaba ausente de la congregación, debido a que tal hermano estaba en fornicación con la mujer de su padre, (1 Corintios 5:1-5).
            En sus consejos a Tito,  le recomienda que si algunos actúa causando división, lo deseche, también se amonesta a aquellos que tomando el evangelio como un “modus vivendus”, no obedecen lo ordenado, queriendo vivir de los demás, sin trabajar en nada, a los cuales manda que los señalemos, para no juntarnos con ellos (2 Tesalonicenses 3:14). También Pablo declara que él mismo, siendo apóstol, no fue gravoso a nadie, y con sus manos trabajo cuando fue necesario, lo que dignifica el ministerio, y tal posición contra los explotadores de la fe esta clara en las enseñanzas bíblicas (1 Corintios 4:12, 2 Corintios 11:9 Hechos 20:34)[8].

 LA  ARROGANCIA DE LOS APOSTOLES

            Hoy día los apóstoles modernos presumen de ser excelentes, visten lujosamente, andan en limosinas, poseen guardaespaldas, entran por la puerta de atrás y comen impúdicamente, hospedándose en hoteles de lujo, buscando la adulación y el reconocimiento[9]. Estos lustrosos profetas y apóstoles, como les llama Jeremías 5:28, son:“…manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas”. Judas 12-13:
            Pero lo más grave de todo es la forma en que contaminan la Palabra, introduciendo enseñanzas anti bíblicas y gnósticas basadas, muchas de ella, en sus propias revelaciones o  visiones con la cual presentan una perspectiva tal que parece que solo ellos tienen la revelación divina y línea directa con Dios de carácter privada, y por medio de ellos ejecutan prácticas avasalladoras, las cuales debemos analizar a fondo, pues rompen con la humildad, sencillez, mansedumbre y doctrina enseñada por el mismo Jesús. Es común escuchar de parte de los tales apóstoles y profetas afirmar que:
  • -Debemos darle tanta cantidad de dinero al siervo de Dios.-
  • - Dios le manda a la iglesia que le compren al pastor un auto de lujo-.
  • - Debemos darle al apóstol todos los diezmos como enseña la Palabra-.
  • - Que si no bendices (con dadivas) al siervo no serás prosperado-..
Cierta vez un predicador de la prosperidad afirmó públicamente que si no obtenía un millón de dólares en seis meses el Señor lo iba a matar. En otra ocasión me contó una hermana que le visito un “apóstol fraudulento” a su negocio y le dijo: Hermana, el Espíritu Santo me envió para bendecir su negocio, pero me dijo el Señor que debe darme los diezmos de sus ganancias a fin de que sea prosperada en todo como enseña la Palabra. Todas estas técnicas son contrarias al principio apostólico, por lo cual se evidencia que tales son obreros fraudulentos como enseña la Palabra.“Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras”. 2 Corintios 11:13-15.

diciembre 28, 2011

Un llamado al discernimiento


 Robert M. Bowman, Jr.
La Biblia frecuentemente hace referencia a falsas enseñanzas, en un contexto contrarrestador de herejías.
El Antiguo Testamento contiene advertencias solemnes contra cualquiera que profetiza o proclama enseñanzas en el nombre de cualquier dios que no sea el SEÑOR, Jehová (Dt. 13:1-5;18:20-22). Este es el contexto actual en el cual las enseñanzas del Antiguo Testamento, sobre herejías, están encuadradas.
En el Nuevo Testamento encontramos advertencias sobre falsos profetas (Mt. 24:11,24; 2 P. 2:1) — esto es, aquellos que hacen predic–ciones en el nombre de Dios y cuyos anuncios resultan ser falsos (cf. Dt. 18:22). También existe un aviso sobre los falsos apóstoles (2 Co. 11:13). Vemos también advertencias sobre aquellos que proclaman ser el Cristo o que Cristo ha venido o que el día del Señor ya ha llegado, o que la resurrección ya ha ocurrido — cuando en realidad todos estos eventos serán tan obvios y notables que nadie los podrá pasar por alto (Mt. 24:5, 23-27; 2 Ts. 2:1-2; 2 Ti. 2:16-18).
Existe también en la Biblia un aviso contra aquellos que predican a otro Jesús y otro evangelio o quienes promueven otro espíritu y no el Espíritu de Dios (1 Co. 15:3-5; 2 Co. 11:4; Gá. 1:6-9). La enseñanza de que la circuncisión y el guardar la ley son necesarias para la salvación es condenada (Gá. 5:2-4; Fil. 3:2). Por otro lado, la doctrina de que la libertad en Cristo nos da una excusa para el libertinaje también es condenada (Judas 4).
El rechazo de la venida de Jesucristo en la carne es considerada como proveniente del espíritu del antricristo (1 Jn. 4:1-6). Hay prevenciones sobre gente que causa disensiones al enseñar doctrina opuesta a lo que los cristianos ya sabemos que es verdad (Ro. 16:17; Tit. 3:10-11). Somos además advertidos sobre los que dicen amar a Dios pero no aman al pueblo de Dios (1 Jn. 4:20; 5:1) y quienes deliberadamente se separan de la iglesia por causa de doctrina pervertida (1 Jn. 2:19). Finalmente tenemos las advertencias contra el agregar o quitar palabras de la Escritura profética (Ap. 22:18-19) y el tergiversar las Escrituras (2 P. 3:16).
Habiendo observado estas advertencias de la Escritura podemos clasificar las herejías en seis categorías mayores:
1) Herejías sobre revelación — doctrinas que distorsionan, niegan o agregan a la Escritura en una forma que llevan a las personas a la destrucción; incluye falsos reclamos sobre autoridad apostólica o profética.
2) Herejías acerca de Dios — enseñanzas que promueven falsos dioses o distorsiones idólatras del verdadero Dios.
3) Herejías acerca de Cristo — rechazo de su absoluto Señorío, su genuina humanidad y divinidad y su verdadera identidad.
4) Herejías sobre la salvación — enseñar legalismo, méritos para ganarse la gracia y libertinaje; negar la verdad de la muerte y resurrección de Cristo y asuntos similares.
5) Herejías acerca de la iglesia — intentos deliberados de alejar a la gente del compañerismo con cristianos verdaderos; rechazo radical de la iglesia.
6) Herejías sobre el futuro — falsas predicciones supuestamente basadas en autoridad divina; reclamos que el retorno de Cristo ya ha ocurrido y cosas por el estilo.
Nótese que errores en una de estas seis categorías tienden a introducir errores en las otras cinco. Tomemos por ejemplo, la perspectiva hereje en muchos grupos de que la iglesia apostató en los primeros siglos y por lo tanto debe ser “restaurada” en los últimos días. La doctrina implica (1) que la Escritura no es una revelación suficiente sino que necesita la enseñanza suple–mentaria o “explicatoria” de algún maestro o publicación con autoridad. Esto casi siempre sirve como base para rechazar el concepto que tenía la Iglesia primitiva sobre (2) Dios y (3) Cristo. Además, como la Reforma es considerada insuficiente y no constituye la tan necesitada restauración (4), la doctrina de la salvación por gracia por medio de la fe es también rechazada. La doctrina de la restauración toma entonces predominancia sobre la apreciación del grupo sobre el futuro (6), el cual requiere que se entienda la mayoría de las profecías bíblicas sobre el futuro como que se cumplen en su propio grupo.
Por lo ya visto, encontramos que un error en cualquier área de doctrina puede afectar todas las otras áreas. Por lo tanto, no obs–tante, las herejías tienden a caer directamente dentro de una o más de las seis categorías mayores ya citadas; las herejías pueden en verdad ocurrir en cualquier tema doctrinal. Por ejemplo, si alguien enseña que los ángeles deben ser adorados, enseña una perspectiva herética (Col. 2:18) aunque esté enseñando el tema de los ángeles. Esto es porque la adoración de cualquier criatura definitivamente resta credibilidad a cualquier confesión que dice que Dios es el único Dios.
Tampoco debe pensarse que el Nuevo Testamento nos da un catálogo completo de todas las posibles herejías. En nuestros días hay literalmente miles de distorsiones sutiles de la teología cristiana que merecen la etiqueta de herejías y pueden ser identificadas como tales sin necesidad de que la Biblia las haya anticipado e identificado como herejías. La Biblia nos enseña lo que es absolutamente esencial, pronuncia principios de lo que es básico para la fe cristiana sana y lo que no es esencial. Nos da una amplia variedad de ejemplos de herejías, y espera que nosotros ejercitemos discernimiento al evaluar enseñanzas nuevas y contro– versiales cuando ellas surgen.
Aun más allá, debemos reconocer que a medida que la iglesia progresa a través de la historia y profundiza su entendimiento de la Escritura, las herejías en general se hacen más sutiles, más disimuladas, más fácilmente confundidas con la verdad del cristianismo auténtico.
Por ejemplo, herejes modernos que rechazan el Antiguo Testamento son raramente tan francos como el hereje del siglo segundo, Marción, quien simplemente negaba que el Antiguo Testa­mento fuera Escritura en ningún sentido (también descartó buena parte del Nuevo Testamento).
En vez de esto, ellos adoptan un método de interpretación que, aunque for–malmente admiten que la Biblia es la Palabra de Dios, en efecto hace que el Antiguo Testamento sea invalidado para el cristiano, lo que es contrario a la clara enseñanza del Nuevo Testamento (Ro. 15:4; 2 Ti. 3:16).
En breve, herejía es cualquier doctrina que la Biblia explí–citamente cataloga de destructiva por su error condenatorio o cualquier doctrina que la Biblia indica que no debe ser tolerada en la iglesia o cualquier doctrina que aun sin ser mencionada por la Biblia, contradice enteramente aquellas verdades que la Biblia declara ser esenciales para la fe cristiana.
Perspectivas aberrantes pueden ser también clasificadas de acuerdo a las seis categorías previamente citadas. En cada caso, la doctrina aberrante transige seriamente las enseñanzas esenciales de la Biblia en una o más de esas seis áreas, sin negarlas radicalmente. Por ejemplo, la práctica de especular con la fecha precisa de la venida de Cristo puede a menudo ser una aberración muy cerca de ser herejía. La práctica es por cierto antibíblica, y en el contexto del sistema herético doctrinal, tal estable–cimiento de fechas puede en sí mismo ser considerado como herético. En algunos casos, ciertos maestros han argumentado más modestamente diciendo que Cristo podría retornar en cierta fecha, admitiendo que habría una posibilidad de error, y urgiendo a la gente a intensificar la obediencia a la Palabra de Dios. Si bien esta clase de enseñanza debe ser considerada un tanto aberrante, ya que viola las advertencias bíblicas contra el hacer predicciones de este tipo, no es en sí misma una enseñanza herética.
Los Nueve Enemigos de la Verdad

1. Falso evangelio
2 Co. 11:4; Gá. 1:6-9
2. Falsas doctrinas
Ro. 16:17; 1 Ti. 1:3
3. Falsos milagros
Mt. 24:24; 2 Ts. 2:9
4. Falsos dioses
Dt. 13:2; 2 Ts. 2:4
5. Falsos cristos
Mt. 24:24; 2 Co. 11:4
6. Falsos espíritus
2 Co. 11:4; 1 Jn. 4:1-2
7. Falsos profetas
Mt. 24:24; 2 P. 2:1
8. Falsos apóstoles
2 Co. 11:13; Ap. 2:2
9. Falsos maestros
1 Ti. 1:7; 2 P. 2:1
Este artículo fue originalmente publicado en el libro Orthodoxy & Heresy (Baker Book House), y traducido con permiso del autor.

diciembre 27, 2011

Un corazón recto ante la apologética


Dr. Dallas Willard
–“…santificad a Dios en vuestros corazones…estad preparados…con mansedumbre y reverencia …” (1 Pe. 3:15).
Cuando llevamos a cabo la tarea apologética lo hacemos como discípulos de Jesucristo, y por consiguiente en la forma que El lo haría. Esto significa primero que todo, que lo hacemos para ayudar a la gente, especialmente aquellos que desean ser ayudados. La apologética es un ministerio de ayuda.
El cuadro presentado en 1 Pedro 3:8-17 nos muestra discípulos dedicados a promover lo que es bueno, pero eran perseguidos por ello. Su reacción ante esto, como Cristo les había enseñado, fue “gozaos y alegraos”.
Esto llevó a aquellos que observaban a preguntarse cómo los discípulos podían estar gozosos y esperanzados bajo tales circustancias. Esa pregunta sería por supuesto inevitable en un mundo airado, sin esperanza ni gozo.
Exhortación de Pedro
Por lo antedicho, los discípulos fueron exhortados por Pedro a “estar preparados para presentar defensa…de la esperanza que hay en vosotros…con mansedunbre y reverencia” (v. 15), siempre con una “buena conciencia” de que uno ha hecho lo que es correcto (v. 16).
Por lo tanto nosotros damos nuestra explicación, nuestra apologética, como un acto de amor al prójimo. Cuando lo hacemos debemos ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas (Mat. 10:16). La sabiduría de la serpiente consiste enconocer el tiempo oportuno basado en la observación atenta.
Las palomas a su vez son incapaces de engañar o defraudar a nadie. Así debemos ser.
El amor por aquellos con los que tratamos nos ayudará a considerarlos en la forma correcta y evitar totalmente el manipularlos. Al mismo tiempo anhelamos y oramos para que reconozcan que Jesucristo es el Señor del cosmos.
El amor también nos purificará de cualquier deseo de vencer por vencer, así como de la autojusticia intelectual y del desdeño de las opiniones y habilidades de otros. El evangelista por Cristo es alguien que se caracteriza por su “humildad mental” (tapeinofrosunen; Col. 3:12, Hch. 20:19, 1 Pe. 5:5), un concepto del Nuevo Testamento que no puede ser encapsulado usando nuestra palabra “humildad”
solamente.
De modo que la exhortación de “presentar defensa” no es un llamado a someter intelectualmente por la fuerza a gente que no está dispuesta, sino a ser los siervos de aquellos que lo necesitan. A menudo, también es un llamado a servir a los que están atrapados por su propia autojusticia intelectual y su orgullo, generalmente reafirmados por su contexto social.
Además, nosotros hacemos la obra del apologista como tenaces siervos de la verdad. Jesús dijo que El había “venido al mundo para dar testimonio de la verdad” (Jn. 18:37) y se llamó a sí mismo “el testigo fiel y verdadero” (Ap. 3:14).
Es por ello que presentamos nuestra defensa con reverencia. La verdad revela la realidad, y la realidad puede ser definida como aquello con lo que los humanos chocamos cuando nos equivocamos. En este choque siempre salimos perdiendo.
Equivocarnos con respecto a la vida, las cosas de Dios y del alma humana, es un asunto tan serio como la muerte. Es por esto que la tarea de la apologética es tan importante. Por ello “seguimos la verdad en amor” (Ef. 4:15), y hablamos con toda la claridad y argumentos razonables posibles, confiando simultáneamente en el Espíritu de verdad (Jn. 16:13) para lograr aquello que está más allá de nuestras limitadas habilidades.
El Punto Común de Referencia
La verdad es el punto de referencia que tenemos en común con todos los seres humanos. Nadie puede vivir sin la verdad. Aunque podemos estar en desacuerdo sobre la verdad o falsedad de ciertas cosas, la fidelidad a la verdad, cualquiera que esta sea, nos permite identificarnos y tomar posición junto a las personas que son honestos indagadores. Nuestra actitud por lo tanto, no es la de “nosotros contra ellos”, sino la de “nosotros”. De esta forma estaremos por siempre aprendiendo y no sólo enseñando.
En cuanto sea posible, y a veces no lo es debido a otros, nosotros “presentamos defensa” en una atmósfera de mutua investigación y de amor generoso. No importa cuán firmes estemos en nuestras convicciones, nunca seremos insolentes, arrogantes, hostiles o defensivos. Desde que sabemos que Jesús mismo no lo sería, debemos aceptar que no podemos ser de ayuda si actuamos de forma arrogante. Cristo no tuvo necesidad de ello, ni nosotros tampoco. En la apologética, como en todas las cosas, El es nuestro modelo y nuestro Señor. Nuestra confianza descansa totalmente en El. Este es el “lugar especial” que le damos en nuestros corazones; es así como “santificamos a Cristo en nuestros
corazones como Señor”, en el servicio crucial de la apologética.
Traducido y publicado con permiso.

La defensa de la fe: ¿Opción o mandamiento?


 Pablo Santomauro
La apologética es la rama de teología, cuyo objetivo principal es la defensa de la fe por medio de la razón y la evidencia. La palabra “apología” es de origen griego y simplemente significa “en defensa de . . .”  ¿Cuál es el papel de la apologética en el cuerpo de Cristo? ¿Debemos equiparnos para presentar defensa de nuestra fe cristiana? Algunos sostienen que la Iglesia sólo debe predicar el Evangelio.
Todo apologista serio reconoce que la primera misión de la Iglesia es de llevar el Evangelio a un mundo perdido (Mc. 16:15). En el transcurso de esta misión confrontaremos a personas que tienen objeciones al cristianismo. Muchas de estas personas son sinceras, pero nadie ha tomado el tiempo para contestar a sus objeciones adecuadamente y tal vez eso es lo que necesitan para hacer una decisión para Jesucristo.
Además, Pedro inspirado por el Espíritu Santo nos dice: “estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Ped. 3:15). La Palabra de Dios no solo nos insta a predicar el Evangelio sino también nos insta a presentar defensa. Salir a evangelizar sin tener respuestas a las objeciones cada vez más sutiles y antagónicas de un mundo en rebelión, es como ir a la guerra sin la espada.
La Biblia nos exhorta a contender por la fe (Jud. 3), entendiéndose que contender no significa ser contencioso. El Espíritu Santo obra cuando sabemos contender con amor, reverencia y humildad.  En la Biblia encontramos ejemplos de grandes apologistas, el apóstol Pablo fue un gran apologista de la fe cristiana. El entraba en las sinagogas para presentar el Evangelio, discutía con los judíos exponiendo poderosos argumentos (Hch. 9:20,22; 17:2; 28:23). Sus pupilos, Timoteo y Tito, recibieron instrucciones precisas de defender el Evangelio (2 Tim. 2:23-26; 4:2-5, Ti. 1:9-14).
La apologética no es entonces una opción, un pasatiempo o algo que satisface la naturaleza combativa de algunos individuos, sino que es un elemento fundamental de la Palabra de Dios y un mandato para todo cristiano. La apologética mantiene la pureza del Evangelio. No es un substituto para la fe ni toma el lugar del Evangelio, sino que es el compañero idóneo que va de la mano con el evangelismo. Tampoco reemplaza al Espíritu Santo, es simplemente un instrumento en sus manos.